domingo, 2 de diciembre de 2012

Es un más que va a menos, es un menos que ya no va.


Los recuerdos siempre vuelven, o eso dicen. Regresan, resurgen, se te meten en la cabeza y no te dejan pensar. Te nublan la vista y te impiden ver claro lo que tienes en frente.
Hoy me sumo a las más de un millón de adolescentes que suspiran por amores imposibles. Se me ha corrido el rímel y estoy mucho más fea de lo normal.
He decidido ir al médico a que me recete un buen insecticida para la colonia de mariposas que tengo en el estómago y se ha reído en mi cara, como si la mariposa la tuviese en la cara o mi problema no fuese serio. Capullo.
Los días van pasando en el calendario mientras opto por la espera, sin embargo el cosquilleo no desaparece y la desesperación va a más. Empiezo a soñar y me dejo llevar por tus suaves caricias y tus largos silencios, las miradas eternas y las lágrimas finitas, pero un huracán de mariposas me saca del trance en que estaba sumida y me devuelve a la realidad en la que nada de nosotros existe. En que las caricias son prácticamente inexistentes, las miradas perpetuas se consumen fugazmente, las lágrimas brotan sin temor ni compasión y los silencios largos donde no hacían falta más que dos ojos se acortan hasta borrarse de nuestra historia.
Y ahora es cuando se supone que caigo rendida a tus pies, pido que estés conmigo y rezó un millón de suplicas al destino porque nos una una vez más; porque no me haga más suspirar.
No obstante mis instancias son en vano y el universo hace oídos sordos a mis palabras. 

domingo, 25 de noviembre de 2012

Voy a comprar piruletas y no quedan, voy a buscar tu sonrisa y ya no está.


La comparación es pésima, sin embargo lo cierto es que se parecen.
Ayer estuve pensando en que pasaría si se acabasen las piruletas, si ya nadie quisiera hacer más y las tiendas de golosinas entraran en bancarrota, si no hubiese ninguna persona que las echará en falta, si simplemente no existieran. ¿Cómo sería el mundo sin piruletas? No habría lenguas azules, ni piruletas de plástico con un millón de piruletas dentro. No habría más caramelos en forma de corazón, ni corazones rotos en miles de pedazos rojos como el carmín. Nos tendríamos que conformar con el chupa chup, con su aburrida forma redonda y sus pastosos chicles dentro.
Ayer estuve pensando en que pasaría si se acabasen las piruletas y me entró un pavor enorme al pensar en no comer nunca ni una más. Pensé en si se acabara algo tan simple y único, tan tonto y dulce, algo que no parece tener importancia. Hoy tengo una caja con veinte que poco a poco acabarán por terminarse; lástima que no sean eternas.
Ayer estuve pensando en que pasaría si no te hubiese conocido. Ayer creía que hubiese sido horrible no pensar en ti, no saber de tu sonrisa ni de tu felicidad, no saber de tus bobadas. ¿Y si nada de lo que vivimos es cierto? ¿Y si nos despertamos sin haber vivido nada? ¿Sin nunca habernos conocido? ¿Sin haber compartido ni una mirada furtiva?
Ayer me acosté con dolor de cabeza, con demasiadas piruletas en la cabeza que se hacían pilas interminables unas encima de otras. Con demasiadas sonrisas cansadas que se desvanecían en mis sueños.
Hoy me he levantado y me he comido una piruleta. No he querido lavarme los dientes ni maquillarme, no he estudiado ni hecho los deberes, simplemente he disfrutado de un placer increíble, un placer que no me arrepiento de conocer, un placer que me alegro de vivir día a día; un placer como el de verte sonreír, un placer dulce y vicioso.


jueves, 21 de junio de 2012

Podría



Podría contarte mis experiencias, mis percances, lo que fui y lo que soy. Lo que siento y lo que pienso. Podría contarte mis razones para vivir y mis motivos para morir. Podría contarte lo que pido y lo que busco, lo que vivo y lo que sueño, lo que hago y lo que no. Podría confesarte mis secretos y ponerte al corriente de mis dudas. Podría compartir mi sufrimiento, al igual que mi felicidad. Podría confiarte mi libro más preciado sin apenas conocerte. Podría mirarte con odio, con desdén, con ternura o con placer. Podría decirte te quiero y estar mintiéndote a la vez. Podría gritar y dejarme la voz solo para que te callases un maldito segundo. Podría llorar por amor e incluso por dolor. Podría sacarte una sonrisa y no valorarla lo suficiente. Podría hablarte todos los días y no cansarme de saludarte. Podría ser pesada e incluso egoísta, pero todos en esta vida lo somos alguna vez. Podría olvidarte e ignorarte para siempre, apartarte a un lado, a una esquina, podría hacerte un jaque mate y dejarte en un segundo sin vida. Podría ganarte a lo que quisieras si de veras pusiera empeño en ello. Podría fantasear y mentir como en varias de las cosas que he dicho. Podría ser orgullosa y presuntuosa, una snob engreída. Podría estar riendo y cambiar mi expresión fugazmente. Podría mirarte a los ojos fijamente y transmitirte mil y una emociones. Podría… yo podría hacerlo por ti pero, ¿sabes una cosa? A veces dar demasiado implica obtener poco a cambio.