domingo, 2 de diciembre de 2012

Es un más que va a menos, es un menos que ya no va.


Los recuerdos siempre vuelven, o eso dicen. Regresan, resurgen, se te meten en la cabeza y no te dejan pensar. Te nublan la vista y te impiden ver claro lo que tienes en frente.
Hoy me sumo a las más de un millón de adolescentes que suspiran por amores imposibles. Se me ha corrido el rímel y estoy mucho más fea de lo normal.
He decidido ir al médico a que me recete un buen insecticida para la colonia de mariposas que tengo en el estómago y se ha reído en mi cara, como si la mariposa la tuviese en la cara o mi problema no fuese serio. Capullo.
Los días van pasando en el calendario mientras opto por la espera, sin embargo el cosquilleo no desaparece y la desesperación va a más. Empiezo a soñar y me dejo llevar por tus suaves caricias y tus largos silencios, las miradas eternas y las lágrimas finitas, pero un huracán de mariposas me saca del trance en que estaba sumida y me devuelve a la realidad en la que nada de nosotros existe. En que las caricias son prácticamente inexistentes, las miradas perpetuas se consumen fugazmente, las lágrimas brotan sin temor ni compasión y los silencios largos donde no hacían falta más que dos ojos se acortan hasta borrarse de nuestra historia.
Y ahora es cuando se supone que caigo rendida a tus pies, pido que estés conmigo y rezó un millón de suplicas al destino porque nos una una vez más; porque no me haga más suspirar.
No obstante mis instancias son en vano y el universo hace oídos sordos a mis palabras.